La psicología del aroma

El aroma adecuado puede usarse como ventaja laboral o comercial

El olfato es el primer sentido que aparece al nacer. Es el que advierte peligro o plantea confianza antes de que se desarrollen los demás sentidos. El sentido del olfato a menudo pasa desapercibido. No obstante, tiene muchas peculiaridades, como el hecho de que funciona diferente a los demás.

La información de todos los demás sentidos va directo al tálamo, que es como el primer filtro de procesamiento de datos. Sin embargo, el olfato pasa primero por otras regiones, incluyendo la de la memoria y las emociones. Eso significa que antes de que te des cuenta, ya estás consciente de los aromas.

Al llegar primero a estas regiones del cerebro, tiene sentido que los olores tengan la capacidad de evocar recuerdos. Esto ha sido demostrado en varios estudios y es de conocimiento común. Incluso en las películas se ha mencionado y retratado el poder de los olores para recuperar memorias.

El aroma y las emociones

Por otro lado, varias investigaciones han explorado la relación que tiene el olfato con las emociones. Un estudio realizado por la Universidad de Brown y Kao Corporation asoció los aromas y su nivel de agrado. Encontró que aquellos olores que evocaban más memorias, eran los preferidos. Esto significa que el agrado de un aroma tiene un componente basado en las experiencias personales. Por ejemplo, la mayoría de la gente considera el olor a pescado como algo desagradable. Sin embargo, algunas personas lo asocian con memorias felices de su infancia, lo que lo hace agradable.

También se encontró que también hay un componente cultural. Mientras que en Norteamérica y Europa los aromas cítricos son considerados alegres; en Japón es el agua de rosas la que refiere alegría. Así, hay gran evidencia de que los aromas pueden sugerir estados psicológicos, tanto positivos como negativos, en segundos.

Recientemente se ha explorado la posibilidad de utilizar a los aromas como herramientas psicológicas. Por ejemplo, la Universidad de Japón desarrolla una alternativa a los antidepresivos a través de los aromas.

Así, estimular el sistema límbico (parte del cerebro que regula emociones, memoria, impulsos) con los aromas adecuados puede provocar sensaciones premeditadas. Manejar el aroma del ambiente puede usarse como ventaja laboral o comercial. Por ejemplo, para estimular la energía y productividad en una oficina. Así como para motivar la compra o para que los clientes se queden más tiempo en una tienda.